Devocional diario octubre 21
Dios, me rescata. Salmo 69
“Sálvame, Dios mío, que las aguas ya me llegan al cuello.
Me estoy hundiendo en una ciénaga profunda, y no tengo dónde apoyar el pie.
Estoy en medio de profundas aguas, y me arrastra la corriente.
Cansado estoy de pedir ayuda; tengo reseca la garganta.
Mis ojos languidecen, esperando la ayuda de mi Dios.
Sácame del fango; no permitas que me hunda.
Líbrame de los que me odian, y de las aguas profundas.
No dejes que me arrastre la corriente; no permitas que me trague el abismo, ni que el foso cierre sus fauces sobre mí.
Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor; por tu gran compasión, vuélvete a mí.
No escondas tu rostro de este siervo tuyo; respóndeme pronto, que estoy angustiado.
Ven a mi lado, y rescátame; redímeme, por causa de mis enemigos.” Salmos 69 NVI
Hay momentos en la vida en los que sentimos un gran peso, sentimos que nos estamos hundiendo en problemas, y no hay quien nos salve. A los discípulos de Jesús les pasó que se desesperaron al ver la tormenta, al ver los vientos huracanados en medio de una oscuridad absoluta, veían las circunstancias evidentes que les estaban pasando pero no se daban cuenta de lo más importante y era que Jesús estaba cerca de ellos.
Si bien es cierto que Dios nos da sentidos que nos permiten interactuar con el medio exterior (la vista, el gusto, el tacto, el olfato y el oído), cuando experimentamos un nuevo nacimiento espiritual, el Señor nos desarrolla nuevos sentidos que son espirituales.
Por ejemplo el sentido de la vista, el cristiano podrá ver más allá de lo que ven los que no creen. Esto es posible por la fe.
¿Qué hacer cuando sentimos que nos hundimos, que no hay donde apoyar el pie?
Sentimos que todo se derrumba, y nos arrastra la corriente ¿cuando somos llamados es a marcar la diferencia?
¿Te cansaste de pedir ayuda? ¿Te cansaste de interceder por lo mismo?
El salmista decía: “mis ojos languidecen esperando la ayuda de Dios,” y es allí cuando sentimos que nos hundimos pero es precisamente allí cuando más debemos esperar la ayuda sobrenatural de Dios.
Hoy podemos decirle, ¡Sácame del fango y no permitas que me hunda!
Pensaba hoy ¿Por qué caminó Jesús sobre las olas? Sencillamente para mostrarle a sus discípulos que no se preocuparan por las olas, porque Él está por encima de ellas.
Cuando vemos que nos estamos hundiendo, Dios viene a nuestro rescate.
Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor; por tu gran compasión, vuélvete a mí.
Cuando nos estamos hundiendo, es precisamente el momento de experimentar el amor y la bondad de Dios. Es el momento perfecto para volvernos a nuestro salvavidas, a nuestro redentor y decirle: Humanamente no puedo hacer nada ¡pero tú lo puedes todo!
»Nuestros enemigos pensaron: “¡Vamos a perseguirlos! ¡Vamos a darles alcance! ¡Vamos a acabar con ellos! ¡Les quitaremos todo lo que tengan, y nos lo repartiremos!
Pero tú soplaste con fuerza y los hundiste en el mar. ¡En medio de las aguas poderosas se hundieron como plomo! (Éxodo 15:9, 10 TLA)
Él revierte el mal en bien y hunde a nuestros enemigos.
Cuando una persona se encuentra en medio de una gran crisis, se siente confundido y no ve la salida, sin embargo, Dios es luz y quiere alumbrarte, quiere que confíes en Él y te dejes llevar por su Palabra pues su Espíritu está contigo.
Aún rodeado de personas, puedes sentir que nadie te entiende.
Puede que nos hayamos hundido por tomar malas decisiones y por la rebeldía en nuestros corazones.
Muchas veces Dios los libró; pero ellos, empeñados en su rebeldía, se hundieron en la maldad. (Salmos 106:43 NVI)
La buena noticia es que Dios nunca se aparta de nuestro lado y nos dice en el salmo que «muchas veces nos libró.» Por esta razón quiero decirte que Dios está de tu lado, y te acompañará siempre.
“No escondas tu rostro de este siervo tuyo; respóndeme pronto, que estoy angustiado. Ven a mi lado, y rescátame; redímeme, por causa de mis enemigos.”
Cuando sentimos que nos hundimos, cuando no sentimos a Dios cerca, paradójicamente es cuando más cerca está.
Si uno deja que sea Dios quien nos guíe, entonces no sólo nos ayudará a que demos muy buenos resultados, sino que también nos dará la fuerza para poder avanzar en todas las áreas de nuestra vida. La clave está en dejarte enseñar por Dios y aplicar las Escrituras a tu vida.
1) Jesús oró por ellos antes de que pasaran por la tormenta.
El Señor intercede por ti en medio de los problemas. Él los envió al lago en la barca y se fue a pedirle al Padre para que fueran victoriosos. Te recuerdo que Jesús es tu primer intercesorñ cuando hay algo que te preocupa o te asusta, algo que no puedes resolver, lleva las cargas a Cristo porque Él desea ayudarte.
2) Jesús está contigo en los momentos más oscuros. La cuarta vigilia de la noche es donde menos luz se puede observar pero fue allí donde Jesús se acercó a la barca para darles la victoria.
3) Jesús muestra su verdadera identidad. Les dijo Cálmense, no tengan temor YO SOY. Jesús es YO SOY. No es pasado, ni futuro.
El nombre de Dios es presente, Él sigue siendo Él. Él sigue siendo el mismo de ayer, hoy y por los siglos! Aunque estés en tu momento más difícil, Jesús está contigo para librarte de cada batalla.
Dios se va a manifestar en el momento oportuno. ¡Él es todo lo que necesitamos! Por tanto, si estás batallando con algo personal, recuerda que no estás solo y que por más oscuro que parezca todo, Jesús está a tu lado para guiarte y llevarte hasta la otra orilla.
Él es quien mejor conoce tus luchas y sabe exactamente cómo ayudarte. Sólo anímate a poner tu mirada en Jesús, tener paciencia y dar pasos de fe.
¡Dios es todo lo que necesitamos, puesto que si estamos en Él, lo tenemos todo!