Devocional diario diciembre 03
El principio de la sabiduría
¿Saben cuál es la persona más sabia de la historia?
No es un científico de la NASA, tampoco se trata de un premio Nobel, ni tampoco es Einstein. El hombre más sabio de la historia es nada menos que el rey Salomón.
Así lo dice la Biblia en 1 Reyes 3:12,
“¡Te concederé(a Salomón) lo que me has pedido! Te daré un corazón sabio y comprensivo, como nadie nunca ha tenido ni jamás tendrá.”
Salomón en algún momento hace dos declaraciones importantísimas;
Primero: Da la receta de cómo ser sabios.
Segundo: nos dice cuál es el resumen de todo lo que ha aprendido.
Eclesiastés 12:13,
“Mi conclusión final es la siguiente: teme a Dios y obedece sus mandatos, porque ese es el deber que tenemos todos.”
La Biblia nos anima a temer a Dios desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Es un hecho además que a lo largo de los siglos, Dios se manifiesta a hombres y mujeres que tienen temor de Él.
Salmo 25:12-15 dice:
«¿Quién es el hombre que teme al Señor? Será instruido en el mejor de los caminos. Tendrá una vida placentera, y sus descendientes heredarán la tierra. El Señor brinda su amistad a quienes le honran, y además les da a conocer su pacto. Mis ojos están puestos siempre en el Señor, pues sólo él puede sacarme de la trampa.”
El temor de Dios es un amor reverente, producto de un corazón íntegro, no dividido, que nos lleva a hacer lo que le agrada a Dios, porque amamos complacerle y aborrecemos lo que Él aborrece.
Así lo define la Biblia en Proverbios 8:13
“Quién teme al Señor aborrece lo malo; yo (el Señor) aborrezco el orgullo y la arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso.”
Tener temor de Dios es cumplir con el primer mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas. El temor de Dios también es un requisito para cumplir la perfecta voluntad de Dios en nuestras vidas, porque es cuando le tememos con reverencia que Él nos revela el camino a seguir:
¿Por qué el principio de la sabiduría es el temor de Dios?
El temor de Dios implica reconocer la grandeza, soberanía, señorío, autoridad y poder que Él tiene. Hasta que no comprendamos quien es Dios (juez justo, creador del universo, padre amoroso), y desarrollemos un temor reverencial hacia Él, no podremos adquirir la verdadera sabiduría.
Deuteronomio 10:12 «¿Ahora, pues, Israel, qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que TEMAS a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.»
Al observar a personas cercanas que conozco, que son muy inteligentes, que han llegado lejos y que hasta han hecho una contribución importante, pero en su vida personal son desorganizados o tienen adicciones, o sus familias tienen muchos problemas, pienso que si sólo tuvieran el temor de Dios en sus vidas. Hay una gran diferencia entre ser inteligente y ser sabio y esto es lo que Dios quiere que seamos.
Que cada uno de nuestros actos sea hecho en amor y en temor de Dios.
Cuando Abraham buscó agradar a Dios sobre todas las cosas, cuando no pudo negarle al señor lo que más amaba, Dios lo llamó un hombre temeroso de Él:
«Y (Dios) dijo: No extiendas (Abraham) tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que TEMES A DIOS, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.» (Gn.22:12)
Dios pudo decirle: «Ya sé Abraham que eres obediente.» Pero al decirle que era temeroso de Dios le estaba diciendo en otras palabras: «Ya conozco que me amas sobre todas las cosas. Que buscas agradarme y reverenciarme de todo tu corazón. Ya sé que soy el número uno en tu vida y que prefieres perder a tu hijo que desobedecerme a mí.»
El temor de Dios además se aprende y se debe enseñar.
«Y vino uno de los sacerdotes que habían llevado cautivo a Samaria y habitó en Bet-el, y les enseñó a temer a Jehová.» (2 R.17:28)
Aquí vemos cómo a los nuevos pobladores de Samaria les tuvieron que enseñar a temer a Jehová. Pero, ¿cómo lo hacían? «Harás congregar al pueblo (varones, mujeres y niños y a tus extranjeros) para que oigan y aprendan y teman a Jehová vuestro Dios y cuiden de cumplir con todas las palabras de esta ley; y los hijos de ellos que no supieron oigan y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los días que vivieren sobre la tierra que Dios les da.» (Dt. 31:12)
Al escuchar las prédicas, leer y estudiar la Palabra y al compartir los testimonios, el pueblo aprende a conocer y a respetar a Dios. Se da cuenta que nuestro Dios es el mismo que destruyó a Sodoma y Gomorra, el mismo que, enojado por la idolatría y por las quejas de Israel lo mandó vagar por el desierto durante 40 años, el mismo que hizo que Ananías y Safira cayeron muertos cuando le mintieron al Espíritu Santo.
Muchas veces con el pretexto de estar en la gracia y bajo el Nuevo Pacto, corremos el peligro de olvidar que nuestro Dios, si bien es misericordioso, también es fuego consumidor.
Por lo tanto si bien debemos tratarlo con confianza, como Padre nuestro que es; eso no quiere decir que olvidemos que Él es tres veces santo.
El mismo Apóstol Pedro nos lo recuerda en el Nuevo Testamento: » Ya que invocan como Padre al que juzga con imparcialidad las obras de cada uno, vivan con temor reverente mientras sean peregrinos en este mundo.” 1 Pe. 1:17.
A mayor confianza, mayor respeto.
DIOS ANOTA EN UN LIBRO MEMORIAL LOS NOMBRES DE AQUELLOS QUE LE TEMEN:
«Los que temían al Señor hablaron entre sí, y él los escuchó y les prestó atención. Entonces se escribió en su presencia un libro de memorias de aquellos que temen al Señor y honran su nombre..» (Mal. 3:16)
Así que no sólo temamos a Dios sino enseñemos diligentemente a otros a que aprendan a temer a Dios, haciendo esto nos espera un gran galardón.
ESTRATEGIAS DEL DIABLO PARA ROBARNOS EL TEMOR DE DIOS
1. Estimula en nosotros una actitud liviana hacia el pecado.
Nos dice que nadie es perfecto y que todo el mundo peca, hasta el pastor, así que no debemos ser fanáticos. Que tratar de vivir en santidad es una utopía producto de la soberbia.
Nos recuerda las veces que, siendo cristianos, hemos pecado y no nos ha pasado nada malo. Entonces nos relajamos y pensamos que ya estamos más allá del pecado.
Ya no nos preocupamos por entregar a tiempo los diezmos, si alguien falta a la comunidad no es nuestro problema porque total no somos los únicos que podemos llamarlo y animarlo a que no se desconecte, llegamos tarde a los servicios o no vamos, porque en fin no es pecado, vemos cosas en el internet que antes no nos hubiéramos permitido, hablamos mal de las autoridades, etc. Pero debemos tener mucho cuidado porque así cómo dice la Biblia en Nm.32:23 «…he aquí habréis pecado ante Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará.»
Recordemos que «Dios es quien ama la disciplina» (He.12:6)
2) La impiedad entra a nuestras vidas y divide nuestros corazones.
Ser incrédulo es contrario a ser piadoso, a ser reverente y a ser temeroso de Dios. Es asumir una actitud rebelde y menospreciar las cosas santas. La impiedad surge de la soberbia.
»Al orgulloso le advertí: “¡Deja de jactarte!”. Al perverso le dije: “¡No levantes tus puños!
No levantes tus puños desafiantes contra los cielos ni hables con semejante arrogancia”». Salmo 75:4-5
El incrédulo no es alguien que escucha el mensaje de salvación de una manera madura y luego decide si lo rechaza o no. No, él ni te deja que se lo presentes. Simplemente, no te deja hablar.
Te dice: «Sí, yo sé, pero a mi no me interesan esas cosas. No quiero oírte.»
«Porque tanto el profeta, como el sacerdote son impíos; aun en mi casa hallé su maldad.» (Jer. 23:11)
El cristiano en quien ha entrado la impiedad tiene su propia opinión respecto a todo y no se deja enseñar ni corregir. Tiene ojos para ver sólo lo malo, lo negativo y ya no percibe lo que Dios está haciendo. Hay amargura en su corazón y un cierto cinismo. Duda cuando oye los testimonios o ve sanidades, menosprecia las profecías y se aburre en gran parte de las prédicas. Cree que TODOS están mal, menos él.
3) Lo que le pasó a Satanás.
El diablo cayó porque su corazón se llenó de soberbia pero el temor de Dios es lo único que nos libra de ella: «Y todo el pueblo oirá y temerá, y no se ensoberbecerá.» (Dt.17:13)
La Biblia por eso describe al diablo de la siguiente manera:
“Es un monstruo que a nada teme; nada hay en el mundo que se le parezca.
Mira con desdén a todos los poderosos;¡él es rey de todos los soberbios!” Job 41:33-34
Dios promete darnos una larga vida y en Proverbios 10:27 dice que, «El temor de Jehová aumentará los días.»
Que nuestra descendencia será poderosa según Salmos 112: 1-2:
«Bienaventurado el hombre que TEME A JEHOVÁ y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra.» (Sal.112:1,2). Además de que cumplirá nuestros más íntimos deseos.