Devocional diario octubre 02
Mi escudo y mi Gloria
Salmo 3, En los v.1-2 leemos: “Oh Señor, tengo tantos enemigos; son muchos los que están en mi contra. Son tantos los que dicen:¡Dios no lo rescatará!”
Muchas veces sentimos que tenemos a todo el mundo en contra, muchos dedos señalándonos, con muchos pies tratando de ponernos obstáculos, que decimos ¿dónde está Dios?
Quien escribe este salmo es David y él estaba con la minoría, los enemigos de David eran diez miles y todos trataban de causarle daño… ¿Y qué hizo David cuando todo estaba en contra? Confió en la misericordia de Dios, le pidió a Dios que fuera su escudo, su gloria y quien levantara su cabeza.
v.3-4 “Pero tú, oh Señor, eres un escudo que me rodea; eres mi gloria, el que sostiene mi cabeza en alto. Clamé al Señor, y él me respondió desde su monte santo.”
Tienes qué estar confiado porque los grandes propósitos de Dios siempre prevalecerán a pesar de tus enemigos; Dios nos protegerá, tu confianza en Dios te afianzará, cuando lo busques de todo tu corazón.
No existe mejor escudo que Dios, no conocerás mejor gloria que la de Dios, nadie te sostendrá tan fuerte como tu Dios; cuando hemos sido despedazados, sus manos de amor hacen que se junten todas las piezas.
Es normal en la vida que las cosas se pongan difíciles, sin embargo es el momento perfecto para que clames a Dios y le digas: ¡Te necesito en mi panorama!
Podremos dormir tranquilos, podremos trabajar tranquilos y podremos estar confiados en que Dios cuida de nosotros.
V.5 “Me acosté y dormí, pero me desperté a salvo, porque el Señor me cuidaba.”
¡Qué mejor ángel guardián que el mismo Dios! Es horrible tener insomnio, pero Dios nos promete que dormiremos en paz, descansaremos en sus brazos y nuestros sueños serán placenteros, porque Dios mismo nos cuida. Tener la seguridad de que la oración va a ser contestada siempre, trae paz y se vuelve fácil dormir cuando sabemos que Dios tiene el control de todas las circunstancias.
v.7-8 “¡Levántate, oh Señor! ¡Rescátame, Dios mío! ¡Abofetea a todos mis enemigos! ¡Destroza los dientes de los malvados! La victoria proviene de ti, oh Señor; bendice a tu pueblo.”
Pide la intervención de Dios, dile ¡Levántate por mi! ¡Ayúdame! ¡Rescátame! Y no pidas venganza, pide la justicia de Dios. Recuerda que la victoria proviene de Dios.